14th Sunday in Ordinary Time / XIV Domingo de Tiempo Ordinario

 I Am Sending You Out

                  Today’s Gospel is about Christ conferring His mission on the seventy-two disciples. Christ wants to instill apostolic daring into his disciples; this is why he says, “I send you out,” which leads St John Chrysostom to comment: “This suffices to give us encouragement, to give us confidence and to ensure that we are not afraid of our assailants” (Hom. on St Matthew, 33). The Apostles’ and disciples’ boldness stemmed from their firm conviction that they were on a God-given mission: they acted, as Peter the Apostle confidently explained to the Sanhedrin, in the name of Jesus Christ of Nazareth, “for there is no other name under heaven by which we must be saved”. “And the Lord goes on”, St Gregory the Great adds, “‘Carry no purse, no bag, no sandals; and salute no one on the road.’ Such should be the confidence the preacher places in God that even if he is not provided with the necessities of life, he is convinced that they will come his way, to ensure that worry about providing temporal things for himself does not distract him from providing others with eternal things”  Apostolate, therefore, demands detachment from material things and it also requires us to be always available, for there is an urgency about apostolic work. www.catholicculture.org

Yo Los Envío

                  El Evangelio de hoy nos habla de Cristo confiando su misión a los 72 discípulos. Cristo quiere infundir audacia apostólica en sus discípulos; por eso dice: «Os envío», lo que lleva a san Juan Crisóstomo a comentar: «Esto basta para animarnos, para darnos confianza y para asegurarnos de que no tengamos miedo de nuestros agresores» (Homilía sobre san Mateo, 33). La audacia de los apóstoles y discípulos provenía de su firme convicción de que estaban en una misión encomendada por Dios: actuaron, como explicó con confianza el apóstol Pedro al Sanedrín, en el nombre de Jesucristo de Nazaret, «porque no hay otro nombre bajo el cielo por el cual podamos ser salvos». «Y el Señor continúa», añade san Gregorio Magno: «No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino». Tal debe ser la confianza que el predicador pone en Dios, que aun cuando no esté provisto de las necesidades de la vida, esté convencido de que vendrán, para asegurar que la preocupación de proveerse a sí mismo de las cosas temporales no lo distraiga de proveer a los demás de las cosas eternas” El apostolado, por tanto, exige desprendimiento de las cosas materiales y también requiere que estemos siempre disponibles, porque hay una urgencia en el trabajo apostólico.