24th Sunday in Ordinary Time / XXIV Domingo de Tiempo Ordinario

Everything changed the day Jesus was crucified. Once he died upon the cross, what was once merely an instrument of Roman punishment became in Christ the symbol of humans’ salvation from pain and death. It became an instrument of divine mercy, a symbol of love, and above all, our hope for God’s total deliverance at the end of time. In the cross, Jesus reveals the very heart of God. He shows us how precious each of us is to the Father, and how far God is willing to go for our salvation: “For God so loved that he gave his only Son, so that everyone who believes in him might not perish but might have eternal life.” On the cross, Christ proves God’s love for us and answers the deepest questions of human life. God alone is the ultimate purpose of our existence. The cross teaches us that it is better to give than to receive. That, as Jesus teaches, unless the grain of wheat falls and dies, it bears no fruit. That a life lived for others is the fullest life. Jesus embraced the cross in humility as an example for us. He emptied himself for our sake to model for us what it means to empty ourselves for the sake of others. After all, one of the reasons Jesus climbed the cross was to draw all humanity in unity unto himself. www.uscatholic.org
 

Todo cambió el día que Jesús fue crucificado. Tras morir en la cruz, lo que antes era un simple instrumento de castigo romano se convirtió en el símbolo de la salvación humana del dolor y la muerte. Se convirtió en un instrumento de la misericordia divina, un símbolo de amor y, sobre todo, en nuestra esperanza de la liberación total de Dios al final de los tiempos. En la cruz, Jesús revela el corazón mismo de Dios. Nos muestra cuán valiosos somos cada uno de nosotros para el Padre y hasta dónde está dispuesto a llegar Dios por nuestra salvación: «Porque de tal manera amó Dios, que dio a su Hijo único, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna». En la cruz, Cristo demuestra el amor de Dios por nosotros y responde a las preguntas más profundas de la vida humana. Solo Dios es el propósito último de nuestra existencia. La cruz nos enseña que es mejor dar que recibir. Que, como enseña Jesús, si el grano de trigo no cae y muere, no da fruto. Que una vida vivida para los demás es la vida más plena. Jesús abrazó la cruz con humildad como un ejemplo para nosotros. Se despojó de sí mismo por nosotros para ser un modelo de lo que significa despojarse por el bien de los demás. Después de todo, una de las razones por las que Jesús subió a la cruz fue para atraer a toda la humanidad a la unidad hacia el.