Faith and service to God
In today’s Gospel we hear Jesus teach about faith and service to God. The context is a continuing dialogue between Jesus and his followers about what it means to be a disciple of Jesus. Jesus has just finished an instruction on sin and forgiveness. There are two related teachings that Jesus offers to his disciples when they cry out for an increase in faith. The first is the familiar reminder that faith, even just a little, will enable the followers of Jesus to do wondrous things. But this uplifting and inspiring teaching is quickly followed by the second teaching, a caution about knowing one’s place in God’s plans. The disciples of Jesus are to understand themselves as servants to God and his plans. Even when God works wonders through us, with our mustard seed-sized faith, we must not seek praise. Our participation in God’s plans is God’s grace to us—nothing more, nothing less. When we are graced enough to cooperate with God, the work we do is nothing more than our obligation to God as faithful stewards. And yet, our faith enables us to believe that what we have offered in service to God, as his servants, can be made to produce a hundredfold. www.loyolapress.com
Fe y Servicio a Dios
En el Evangelio de hoy, escuchamos a Jesús enseñar sobre la fe y el servicio a Dios. El contexto es un diálogo continuo entre Jesús y sus seguidores sobre lo que significa ser discípulo de Jesús. Jesús acaba de terminar una instrucción sobre el pecado y el perdón. Hay dos enseñanzas relacionadas que Jesús ofrece a sus discípulos cuando claman por un aumento en la fe. La primera es el conocido recordatorio de que la fe, incluso mínima, permitirá a los seguidores de Jesús hacer cosas maravillosas. Pero a esta enseñanza edificante e inspiradora le sigue rápidamente la segunda enseñanza, una advertencia sobre reconocer nuestro lugar en los planes de Dios. Los discípulos de Jesús deben entenderse como siervos de Dios y sus planes. Incluso cuando Dios obra maravillas a través de nosotros, con nuestra fe del tamaño de un grano de mostaza, no debemos buscar la alabanza. Nuestra participación en los planes de Dios es la gracia de Dios para nosotros, nada más y nada menos. Cuando tenemos la gracia suficiente para cooperar con Dios, el trabajo que realizamos no es más que nuestra obligación hacia Dios como administradores fieles. Y, sin embargo, nuestra fe nos permite creer que lo que hemos ofrecido en servicio a Dios, como sus siervos, puede llegar a producirse al ciento por uno. www.loyolapress.com