Do You Trust Jesus?
In this week’s Gospel Reading, Jesus invites the woman at the well into a relationship of trust. He is a Jew—the sort of person she expects to look down on her because she is a Samaritan. What’s more, he knows about her past. She has been through marital struggles. She, a woman, comes to draw water from the well alone, at midday! This mysterious Jew, however, doesn’t make fun of her lonely midday errand, nor does he mock her for her tumultuous past: he invites her into a conversation that unfolds into him offering to give her living water so she will thirst no more. Jesus does not come into our lives to condemn us, rather He comes to offer us a true friendship and new life. He comes to enter into a relationship with us. This relationship must begin with trust. Often, we are like the woman at the well, carrying within our hearts a history of sins of which we are ashamed, a past of many disappointments and wrongs done to us, a bitterness of things that didn’t work out, and a fear of the uncertainty of what lies ahead of us. The result is that we build walls and defenses to protect our hearts from being broken again; we make our own plans, so we don’t get disappointed again. www.catholic-link.org
¿Confías en Jesús?
En el Evangelio de esta semana, Jesús invita a la mujer junto al pozo a una relación de confianza. Él es judío, el tipo de persona que ella espera que la menosprecie por ser samaritana. Además, conoce su pasado. Una mujer, ¡viene sola a sacar agua del pozo, al mediodía! Este misterioso judío, sin embargo, no se burla de su solitario recado al mediodía, ni se burla de su tumultuoso pasado: la invita a una conversación que culmina en su ofrecimiento de darle agua viva para que no tenga sed. Jesús no viene a nuestras vidas para condenarnos, sino para ofrecernos una verdadera amistad y una nueva vida. Viene a entablar una relación con nosotros. Esta relación debe comenzar con la confianza. A menudo, somos como la mujer junto al pozo, llevando en el corazón una historia de pecados de los que nos avergonzamos, un pasado de muchas decepciones y agravios, una amargura por cosas que no salieron bien y un miedo a la incertidumbre de lo que nos espera. El resultado es que construimos muros y defensas para proteger nuestros corazones de ser rotos de nuevo; hacemos nuestros propios planes para no volver a decepcionarnos. www.catholic-link.org