In today’s Gospel we experience Jesus using his power to heal and nourish others. We are called to use our gifts to love and care for others. We must love much to help others progress in holiness. Faith, hope and love form the basis of a generous heart. Generosity makes us trust in God’s goodness in us. Generosity has us proclaim that we can do anything in God who strengthens us. If commanded by God, a heart that is humble and generous can work miracles. While it is vigilant lest it fall, a heart that has confidence in God gives birth to a generous spirit. In simplicity of heart, a generous spirit sets to work with confidence that God will not fail to give it the power to realize its undertakings. A generous heart does not rely on its own strength to undertake its tasks. It relies on the gifts God gives it. Thus, we must give great value to the gifts God has given us. They ought to be acknowledged, respected and honored, and used for God’s glory. Our Savior always preferred us to Himself and does so each time He nourishes us in the Eucharist. Similarly, He wants us to nurture our gifts by using them to love and serve Him with all our heart and all our power. www.oblates.org (Adapted from the writings of St. Francis de Sales, especially, Spiritual Conferences, I. Caneiro, Ed.)
En el Evangelio de hoy experimentamos a Jesús usando su poder para sanar y alimentar a los demás. Debemos amar mucho para ayudar a los demás a avanzar en la santidad. La fe, la esperanza y el amor forman la base de un corazón generoso. La generosidad nos lleva a confiar en la bondad de Dios que actúa en nosotros. La generosidad nos permite proclamar que podemos hacer todo en Dios que nos fortalece. Cuando Dios lo pide, un corazón humilde y generoso puede realizar milagros. Un corazón que confía en Dios da vida a un espíritu generoso. En la sencillez del corazón, un espíritu generoso se pone manos a la obra con la confianza de que Dios nunca dejará de darle la fuerza necesaria para llevar a cabo sus proyectos. Un corazón generoso no depende de sus propias fuerzas para cumplir sus tareas; se apoya en los dones que Dios le concede. Por eso, debemos dar un gran valor a los dones que Dios nos ha regalado. Estos deben ser reconocidos, respetados, honrados y utilizados para la gloria de Dios. Nuestro amor hacia nosotros mismos y hacia los demás tiene su fuente en el amor de Dios, manifestado en Jesús. Él desea que cultivemos nuestros dones, utilizándolos para amarlo y servirlo con todo nuestro corazón y con todas nuestras fuerzas. (Adaptado de los escritos de San Francisco de Sales)