25th Sunday in Ordinary Time / XXV Domingo de Tiempo Ordinario

In today’s Gospel Jesus encounters a rich young man who is unable to accept Jesus’ demand that he leaves his possessions to follow him. Jesus’ response to the rich young man sounds very much like the conclusion we will find in today’s Gospel: the first will be last and the last will be first. On the surface, the parable of the workers in the vineyard appears to be an offense to common sense. Those who work a longer day ought to be paid more than those who work just an hour or two. On the surface, the parable of the workers in the vineyard appears to be an offense to common sense. Those who work a longer day ought to be paid more than those who work just an hour or two. The parable reminds us that although God owes us nothing, he offers abundantly and equally. We are occasionally tempted to think that our own actions deserve more reward, more of God’s abundant mercy, than the actions of others. But God’s generosity cannot be quantified or partitioned into different amounts for different people. When we think that way, we are trying to relate to God on our terms rather than to accept God’s radically different ways.
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En el Evangelio de hoy, Jesús se encuentra con un joven rico que no puede aceptar la exigencia de Jesús de dejar sus bienes para seguirlo. La respuesta de Jesús al joven rico nos recuerda mucho la conclusión que encontramos en el Evangelio de hoy: los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros. A primera vista, la parábola de los trabajadores de la viña parece ir en contra del sentido común. Aquellos que trabajan durante toda la jornada deberían recibir más que quienes trabajaron solamente una o dos horas. Sin embargo, la parábola nos recuerda que, aunque Dios no nos debe nada, Él nos ofrece sus dones de manera abundante y por igual. A veces caemos en la tentación de pensar que nuestras propias acciones merecen una mayor recompensa o una mayor medida de la abundante misericordia de Dios que las acciones de los demás. Pero la generosidad de Dios no puede medirse ni dividirse en diferentes cantidades para diferentes personas. Cuando pensamos de esa manera, intentamos relacionarnos con Dios bajo nuestros propios términos, en lugar de aceptar que los caminos de Dios son radicalmente diferentes a los nuestros. www.loyolapress.com