In today’s reading, Peter asks Jesus how many times we should forgive another person. Peter suggests what he considers a reasonable number: perhaps seven times. Jesus responds by taking Peter’s proposal much further: we are not to forgive only seven times, but seventy-seven times. The parable of the unforgiving servant explains Jesus’ response to Peter in greater depth. Through this parable, we come to understand the greatness of God’s mercy toward us and the fruits it produces in our lives when we accept His forgiveness. There is a temptation to measure or limit forgiveness, as Peter tried to do. However, Jesus teaches us that forgiveness is not about quantity—that is, counting how many times we forgive others. In the parable, the king’s forgiveness represents God’s forgiveness, and that forgiveness transforms us, helping us to be as merciful and willing to forgive as God is toward us. The lesson is clear: if we keep God’s mercy for ourselves while refusing to show mercy to others, we risk losing the fruits of that mercy in our own lives. www.loyolapress.com
En la lectura de hoy, Pedro le pregunta a Jesús cuántas veces debemos perdonar a otra persona. Pedro propone un número que le parece razonable, quizás siete veces. Jesús responde llevando la propuesta de Pedro mucho más allá: no debemos perdonar solamente siete veces, sino setenta y siete veces. La parábola del siervo que no quiso perdonar explica con mayor profundidad la respuesta inicial de Jesús a Pedro. A través de esta parábola, llegamos a comprender la grandeza de la misericordia de Dios hacia nosotros y los frutos que produce en nuestra vida cuando aceptamos su perdón. Existe la tentación de medir o limitar el perdón, como intentó hacerlo Pedro, pero Jesús nos enseña que el perdón no se trata de cantidad, es decir, de contar cuántas veces perdonamos a los demás. En la parábola, el perdón del rey representa el perdón de Dios, y ese perdón nos transforma, ayudándonos a ser tan misericordiosos y perdonadores como Dios lo es con nosotros. La enseñanza es clara: si guardamos para nosotros la misericordia de Dios y, al mismo tiempo, nos negamos a mostrar misericordia a los demás, corremos el riesgo de perder los frutos de esa misericordia en nuestra propia vida. www.loyolapress.com